El Cerro Tunduqueral

En Mendoza se encuentran importantes vestigios de civilizaciones antiguas. Uno de los más claros testimonios de ello son las numerosas muestras de arte rupestre que se han encontrado. El Dr Juan Shobinger, profesor emérito de la UNCuyo,  recientemente fallecido ha dedicado años de su vida a la investigación de estas culturas, y a él debemos el descubrimiento de los petroglifos del cerro Tunduqueral en Uspallata. 


                                                    

En la Región de Cuyo se pueden diferenciar dos sectores: el septentrional que abarca San Juan y N.O. de Mendoza (con vinculaciones andinas) y el  meridional que abarca el sur de Mendoza hasta el límite con Neuquén (con vinculaciones patagónicas).

     En el sector N se han encontrado 65 yacimientos de arte rupestre, todos en zonas montañosas o lugares inhóspitos. La técnica del grabado es muy uniforme, consistiendo en el martilleo con un percutor sobre piedras duras. Se puede observar una tendencia irregular y abigarrada, con motivos claramente mágico-simbólicos.

 

                                                      

     El valle de Uspallata representa una de las zonas arqueológicas más interesantes de la provincia y los trabajos de C. Rusconi y de J. Schobinger a partir de 1958 muestran la presencia de grupos agroalfareros, llegados probablemente de San Juan. El grupo principal de petroglifos que dejó esta cultura se encuentra en el cerro “Tunduqueral” cuyo nombre se deriva de “Tunduque”, roedor que de día se esconde bajo tierra, formando huecos subterráneos en los que uno se hunde al caminar. Antes del grupo principal hay dos petroglifos en rocas aisladas. La senda asciende hacia un portezuelo bajo, a cuya derecha se hallan rocas grandes y pequeñas caídas alguna vez del cerrillo.

 

   Allí se puede apreciar una serie muy variada de figuras antropomorfas, dos con apariencia de avestruz. Hay un rostro con grandes ojos. Hombrecillos simples, tridígitos, líneas ondulantes y un motivo de claro pero desconocido simbolismo: una línea horizontal de la que parten tres verticales hacia arriba, terminadas en sendas circunferencias con punto central.

En otra roca hay dos antropomorfos que hacen recordar al “hombre lagarto” de otras zonas. Una representación que semeja un hipocampo, quizás una gran serpiente asociada a una figura antropomorfa que parece sostenerla. En otra pared rocosa observamos un ave de rapiña con las alas desplegadas.

En la parte mas alta del cerro se destaca una “mujer con trenza” que podría ser considerado como un chamán guerrero con una prolongación en la cabeza. En otra roca se observa una figura aislada, se trata de una buena muestra del motivo que llamamos cabeza mascariforme, que presenta en un piqueteo más suave, piernas y brazos e incluso se insinúa la actitud de empuñar un objeto largo terminado en un pequeño círculo. La cara presenta dos ojos circulares y una línea arqueada a modo de ceja. De los costados parte una aureola determinada por una doble línea parcialmente ondulante.

 

   Uno de los elementos figurativos considerado como más importante del Tunduqueral es una figura que se encuentra aislada en una roca, a la cual los estudiosos llaman “cabeza mascariforme”.

   Schobinger interpreta este tipo de imagen, como la manifestación religiosa de una experiencia chamánica documentada por las actuales investigaciones de la arqueología, que sugieren que el chamanismo era una técnica espiritual conocida por el hombre prehistórico.

 

   Shamanismo Americano 

 

 

   Los primeros atisbos de shamanismo se darían en el Paleolítico superior euroasiático, asociado a las primeras prácticas de iniciación y también a las primeras prácticas mágicas. Surge  como un intento  de recuperar un contacto íntimo con el mundo y sus fuerzas inmanentes, consideradas como divinas. La ingestión de sustancias alucinógenas no forma parte esencial de la iniciación shamánica, aunque se puede observar, según las investigaciones, la importancia que ha tenido y tiene aún en la actualidad el uso de estas sustancias en los rituales del indígena americano. Además está comprobado el uso de por lo menos 80 drogas con propiedades alucinógenas en los pueblos amerindios, tomadas de numerosas especies vegetales, mientras que en Europa sólo se conocían 6 ó 7.

 

   Uno de los aspectos estudiados se refiere al encuentro del shamán con el jaguar, que es una percepción que en determinado momento de su éxtasis sienten los shamanes de la selva colombiana. Este felino ha tenido una importancia simbólica enorme en muchas culturas americanas.

 

   En los comienzos de la civilización peruana, hace más de 4000 años, en un momento dado, comienzan a construir ciertos lugares rituales, que a su vez implican el surgimiento de una clase sacerdotal muy influyente, y en los cuales encontramos murales con representación de felinos. Con el desarrollo posterior de esa cultura estos símbolos toman mayor complejidad. Existen extraordinarios textiles donde se caracterizan estos personajes que estarían representando experiencias shamánicas, algunos muestran garras de aves que estarían asociadas al vuelo del shamán; otras figuras tienen especie de líneas que salen de la cabeza, a veces en forma de serpientes, que siempre tienen que ver con líneas de fuerza y energía.

  

   Muchas veces, en formas más simples vemos estas representaciones shamánicas en los petroglifos del área andina, del Perú sobretodo, extendiéndose luego hacia el noroeste y oeste de la Argentina y norte y centro de Chile. Estas obras pueden ser atribuídas a los pueblos agrícolas y pastoriles que desde los años 600 a.C. habitaron estas regiones montañosas, hasta el momento de la conquista incaica en el S.XV. Hábiles artesanos y excelentes ceramistas, estos pueblos no llegaron a desarrollar el nivel de culturas urbanas.

  

   Son bien conocidas a través del arte decorativo y el arte rupestre  las expresiones de felinos en la cultura de la Aguada (600-900 d.C.)  y la representación de serpientes, yacarés y algunas aves estilizadas. También vemos el hombre con cabeza felínica y el “shamán guerrero” con insignias y armas en las manos.

  

   Otro elemento considerado de importancia son las grandes cabezas mascariformes grabadas en las rocas, como manifestación artístico-simbólica de una experiencia shamánico-visionaria, en la que la vivencia de las fuerzas internas de la cabeza humana  jugaba un papel preponderante.

  

   Originadas a comienzos de la cultura El Molle (0-700 d.C.), las cabezas mascariformes de Chile pasaron al lado argentino, a la región cuyana, con modificaciones y simplificaciones.

  

   Las cabezas aureoladas o con prolongaciones radiantes o anteniformes representan las fuerzas radiantes o energéticas del ser humano, hechas visibles para el shamán o sacerdote en algún momento de sus estados alterados de conciencia.

 

 

   Es importante destacar que el hecho de que alguno de los grupos más importantes de petroglifos se encuentren al comienzo o  al fin de ciertas quebradas, o en el interior de éstas, a lo largo de antiguas sendas que cruzan un cordón montañoso o la propia Cordillera de los Andes, sugiere lo que podemos llamar “simbolismo del camino”, vinculado a lo que en etnología suele llamarse “ritos de pasaje”. La vía, a veces difícil, que atraviesa una zona montañosa, es percibida como un símbolo del camino solar ,y también, figuración del viaje del alma a la región del “Más Allá”.

 

  

   El camino difícil, la estrechura, el paso montañoso, el túnel, constituyen para la conciencia mítica, imágenes iniciáticas.

  

   Algo de esto pervive en el folklore indígena, aun después de 500 años de acoso por parte de nuestra civilización racional y exotérica. Ejemplo de esto es lo que expresan los indios huicholes del noroeste de México en los momentos finales del viaje en busca del peyote, el cactus sagrado. Estos dicen de sí mismos: “Nos hemos vuelto nuevos, estamos limpios, somos recién nacidos”. Esto es simbolizado por una cuerda enrollada en forma de espiral, una metáfora del viaje “al lugar de origen” y el regreso subsecuente a “este mundo”,es decir muerte y renacimiento.

 

  

   ¡Cuántas espirales están representadas en petroglifos americanos! Cuántas de sus variantes: volutas, laberintos, múltiples círculos concéntricos! Estos estudios provocan admiración hacia quienes, con métodos a veces extraños, lograron conocimientos superiores y los volcaron hacia todos los aspectos de la vida social en los casi siempre duros ambientes en que les tocó vivir, y de los cuales el arte rupestre constituye un pálido reflejo.

            

 “Shamanismo Sudamericano” del Dr. Schobinger

 
Banner
Banner
Banner
mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy249
mod_vvisit_counterAyer360

Banner
Banner